viernes, 24 de noviembre de 2006

Hoy reunión de consorcio. No quiero llegar a casa, todos se juntan en el pasillo y cuando paso murmuran sus viscosos comentarios acerca de mi ausencia.
Hace más de un mes que llegue al edificio y aún no me hablo con nadie. Se que hay una abogada, un gay y una mujer que sólo aparece para criticar, gritar y tomar el ascensor.
Si yo tuviese que llamar a una asamblea sería para elegir un nombre, me sentaría en un rincón y juro que los filmaría. Flor de revuelo, las viejas gritando, la otra que no escucha, el gay con las manos en la cintura y algún escabullido de los que conozco bien.
La reunión duraría hasta tarde; ya doce menos cinco los ánimos se irían calmando porque para esa hora todas la viejas se habrían dormido; y ahí tiraría la bomba ¨ este edificio no es más que un conventillo, así que llamémoslo LA PALOMA". Como siempre, las viejas se habrán despertado, el gay estará rojo de la furia y la mayoría se habrá ido hasta el viernes que viene. Al fin y al cabo si se llegase a un acuerdo ya no habría excusa para volvernos a ver y eso es lo que no queremos.
La una y aún se escuchan los gritos. Voy a llamar a la pizzería, en una de esas cuando toquen timbre ya no halla gente en el hall. 4455-2342. dos de pollo y una de jamón. No me mejor dos de carne y una de jamón. Con veinte.
Cruzo los dedos; bajo la escalera, despacio por las dudas; ya siento el olorcito. Tendría que haber pedido cuatro.

jueves, 23 de noviembre de 2006


Una repulsión profunda ante cosas que no puedo cambiar.

miércoles, 22 de noviembre de 2006

Tuc, tuc, tuc

Me caí por la escalera y entendí lo melodramático del asunto. Es que resulta que cuando uno tomó impulso no puede parar; es un escalón tras otro: tuc, tuc, tuc y de pronto se siente el codo, la rodilla, la cabeza, tuc, tuc, hasta que terminas en el piso, estampado, cruzado y sin saber como levantarte.
Las primeras tres cuadras camino al Bowen me reí, las siguientes dos horas que hablo Dolina no pude escuchar porque no podía acomodarme en el asiento sin dejar de sentir cada pequeño o gran moretón que iba apareciendo.
Al fin, lo bueno de caerse por la escalera es que es una nueva experiencia por contar. No es como cualquier otro golpe; es como una caída en cámara rápida, pero pausada, con cada nuevo escalón es una idea que se te aclara o que se oscurece para siempre.
Aún así pequeños niños y por divertido que parezca absténganse, al menos por unos años, de rodar por escaleras, ya pasado el tiempo verán o no las ventajas del asunto y podrán tomar su propia decisión.
Gracias al portero de mi edificio que limpia día a día las escaleras.

Atte.

lunes, 20 de noviembre de 2006

Me sentí Domingo, todo el día. Me levante como Domingo por la mañana, aunque ya era la una, almorcé como Domingo y durante la tarde nada, sólo Domingo. Domingo y más Domingo. Ahora es la una, Lunes. Empiezo un blog ¿para qué? no lo sé. Ya lo sabré o quizá no. Como será sentirse de Lunes, todo debe parecer un comienzo, pues el lunes es día de empezar. La dieta, el gimnasio, el duelo, el blog. Sentirse de Lunes es de puta madre, una pena que cuando llega el martes todo termina.